martes, 5 de enero de 2010

Racional o sentimental?

Un choque de ideas. Todas deciden ir al mismo tiempo a tu cabeza, pero no hay lugar para todas ellas. Cual se queda? Cual se va?

Una batalla en tu cabeza, se chocan. A todo esto entra el corazón, a combatir por sus sentimientos y sensaciones, contra las ideas racionalistas. Toda una movilización.
Por momentos parece que lo racional va ganando la punta, hasta que en un momento de debilidad pura, el corazón es quien quiebra y parece ganarlo todo. Una guerra. Quizá la más difícil de combatir. Quizá la más difícil de ganar.
Hay quienes dicen que la guerra es la peor manera de encontrar alguna solución a un problema. Según ellos la paz, la armonía , nos daría la respuesta adecuada.
Sin embargo hay guerras y conflictos los cuales no pueden ser esquivados, obviados, son batallas sobrenaturales. Van más allá de nosotros. Me entendés?
Jugadas generadas por nuestras mente, las cuales de ninguna manera pueden ser evitadas, ya que nadie en este mundo es lo suficientemente apto para dirigirla.
Aunque tu razón juegue lo mas fuerte posible, hay alguien que siempre termina ganando la partida. En primer lugar, la mente, quien genera esa batalla desde algún punto invencible, y quien termina ganando ya que esta situación se torna irreversible. En segundo lugar tenemos los sentimientos, regidos por el corazón, quien desde algún punto es mandado por la mente, y que por otro lado, es superior a lo racional. Y por ultimo aquellas ideas, las cuales terminan siendo subordinadas por todo aquello dirigente.
Un duelo complicado, con una clara hegemonía : una mente superior dominando a un corazón, q a su vez es un rival muy fuerte, el cual la mayoría de las veces se apodera de la victoria frente a aquellas ideas, las cuales se presentan como racionales y por serlo, dicen llamarse correctas.
Sin embargo, parecen ser más correctas las palabras del corazón, que la de las ideas. Al menos es este tipo de enfrentamientos.
Quizá los sentimientos sean mucho mas racionales que las propias ideas, las cuales suelen adjudicarse ese adjetivo sin siquiera haber jugado la partida.

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