El pasto es verde.
Creo que no puedo llegar a explicar la sensación que recorre todo mi cuerpo en este instante. Es algo que nunca voy a olvidar, algo que tampoco sucedió antes ni después. Algo completamente diferente. Es una conmoción tan grande e inigualable que ni con palabras la puedo expresar. No es tristeza, ni menos felicidad. Es quizá una mezcla de paz, alivio o serenidad. Estoy tranquila conmigo misma, después de haber cumplido lo prometido por muchísimo tiempo. Lograr poder equilibrarme, sin que nadie haga lo contrario conmigo. Vivir mi presente, que lo demás sea recuerdo de momentos que elegí vivir en algún tiempo de mi vida; pero que todo eso esté guardado en un cofre, uno que nunca más volverá a ser abierto. Porque abrirlo haría perder esa magia de cada situación, momento vivido; y también sería pensar y recordar, traer ese pasado a este día, a mi tiempo, y eso, sería de algún modo, traerlo al presente, hacerlo mi presente; entonces nada de eso que logré sería cierto, terminaría siendo sólo una película inventada para tapar la realidad. Cuesta, y mucho…pero hay ciertas situaciones de desengaño, dolor e inducidas a error que nos hacen entrar en razón en un solo segundo. Sí!, después de haber estado tanto tiempo intentando y nunca lograrlo, en un instante, rebobinas tu cinta y la comparas con esa lección que la vida acaba de darte: entras en razón. Todo ese último tiempo fingiste estar bien, creías que eso era la único que hacía surgir una sonrisa en tu rostro, que te hacía sentir bien, aunque doliera y sintieras pesar, tristeza, vos cegado creías estar haciendo lo mejor para ti. Te mentías a vos mismo. Porqué fingir y tratar de creerte una mentira tan grande, cuando en la vida hay verdades tan bellas y ciertas, y de hecho muchísimo mejores, esperando en algún sitio encontrarse contigo. Y es ahí cuando recién puedes armar tu cofre, y ese es el último día de aquel presente, tus últimas leídas a esas páginas que fueron tan importantes para ti. Luego, resta guardarlas, enterrarlas, pero con felicidad; sabiendo que eso guardado forma parte de tu vida, y ya nunca nadie va a poder robártelo, es sólo tuyo; y sobre todo, nunca nadie va a saber esos secretos tan preciados para vos. Entonces, ríes con una de tus mejores sonrisas, esas que te arrugan toda la cara, te despides y lo cierras. Esas fueron las últimas páginas, que en su momento escribí. No quiero desequilibrarme, ya que encontré esa manera de poder ser feliz, encontré mi manera, la cual estaba escondida por ahí. Pocas son las veces en que uno puede escribir ciertos vocablos, que quizá aunque para el lector sean simples y vulgares, para el autor sean las palabras más bellas y completas que existan. Por eso se deben aprovechar estos instantes de inspiración, para tratar de plasmar todo lo que a uno se le viene a la mente. Días en los que te das cuenta que todo está tan raro, y eso es lindo, es curioso, sirve para aprender. Una vida monótona es aburrida, no tiene brillo ni colores. La calidez de la sonrisa en la cara de una persona, y el resplandor de la luz en los ojos, es lo más maravilloso que puede llegar a percibirse en la vida, si uno aprende a apreciarlo. No todos tenemos las mismas virtudes de poder ver lo mismo. A veces es bello poder ver ciertas cosas que otros no alcanzan, pero en ciertas circunstancias deseamos con tanta fuerza el ver solo lo simple de la vida. Pero luego nos damos cuenta que lo raro es lo más bello, eso que nos hace ser fisgones, sentir curiosidad y ser más sabiéndoos. Eso curioso nos hace buscar en lo nuevo, y no en el pasado. Tené en cuenta lo que acabo de decirte, y cerrá tu cofre, pero antes: recordá todo lo que alguna vez te dije, y traté de explicarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario